Punto Final, Nº777 – Desde el 22 de marzo al 4 de abril de 2013.
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Como caballo de carrera que se saca sólo para los Derby, que en este caso podría perfectamente correr con el nombre de “La Incondicional”, Verónica Michelle se erige como carta segura en una disputa electoral de la que desde hace tiempo sabemos el resultado.
Indicar que la “mamita de Chile” tuvo un gobierno mediocre, con importantes fracasos en materia medioambiental, indígena y, por supuesto, social da igual para su fanaticada compuesta por el grueso de la población: mujeres pobres criadas por el sistema como sujetos dependientes del asistencialismo. Veronica Michelle Bachelet, a pesar de todos sus errores se repetirá el plato y esta vez con la promesa de llegar con un menú saludable, sin los revenidos y tóxicos condimentos del escalonismo o del repulsivo conservante Andrade. Esas promesas que si bien sólo a algunos les importan -porque está claro que el sistema de bonos que clienteliza el voto de ese gran público popular le dará el triunfo indefectiblemente-, podrían mejorar la retórica, y sólo eso, de su segunda administración.
La política en Chile ha entrado en un momento de estancamiento sin igual. Lejos de llegar al absoluto metafísico propuesto por Hegel, en un fin de la historia que se alcanza con la comprensión total del mundo luego del juego de contradicciones y el poder de análisis y síntesis de la masa crítica y consciente, somos un miserable pastiche. Tanto molido forma una chiclosa base social a la cual se adhieren los más bizarros personajillos que quedan de forma inamovible dirigiendo la “patria”, incapaces de caminar hacia algún destino.
Por mientras las jóvenes promesas erigen sus luchas desde la perspectiva del “usuario”, exigiendo gratuidad por servicios de segunda mano sin proponer una refundación en las bases mismas de la “educación”, avalando con esto el “estado del arte” chicloso y abyecto en su depravada disección de mercados de modas y fachadas. No tienen una resistencia al poder procedimental de anacronismos y miseria. Por el contrario, se suman. Y no será raro ver a Camila Vallejo levantando el brazo púgil de Verónica Michelle, mientras Giorgio coloca en su cuello una guirnalda de flores.
De esta forma, Bachelet es lo mejor a lo que podemos optar. Y llegará de la mano de estos jóvenes estandartes, que vestidos con viejas y maniqueas banderas de justicia, igualdad y fraternidad plasmarán una puesta en escena que remitirá nuevamente el básico ejercicio comparativo entre una supuesta “Izquierda” contra una supuestamente “poderosa” derecha.
Con este simple juego de apariencias la Concertación se ha sostenido sobre su propio cadáver, haciendo empates con gusto a triunfo ante cualquier error, desinteligencia y hasta corrupción en la que haya caído. El “antes se torturaba y mataba gente” a flor de labios y frente a cualquier cuestión, ha conseguido cristalizar las cosas en un equilibrio. Una normalidad lograda con base en el conducto regular del statu quo que solemos creer que es la política misma.
Piñera nos mostró una sociedad al debe con el sentido común, escaladora, egocéntrica y ridícula en aspectos tan perversos como candorosos. Bachelet nos retrotrae a una cuestión más permanente y general: el afán de travestir la verdad por medio de una construcción de realidad patética en su “no-poder-miento”. El nopodermiento de Bachelet, es justamente el que la caracterizó identificando a una gran mayoría de chilenos y chilenas.
Aunque la supongamos crecida por su cargo en la ONU, enaltecida y fortalecida por la distancia en shakesperiana filosofía de “es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, Bachelet es la incondicional de la Concertación y por supuesto de nosotros, que reflejados en su fracaso somos tan incondicionales como ella con el conglomerado político “histórico” en su ejercicio democrático.
El molde es el mismo. La venta del hembrismo como cambio, de maternidad como contención social, de democracia como “Izquierda”, nos muestran justamente nuestras carencias con rostro de mujer.
Bachelet, la presidenta descalificada por su aspecto, por su condición de madre soltera, por ser hija de militar, por ser solo una mujer, por tener una hija rebelde y un hijo “barsa”, y por sobre todo ser un títere de sus camaradas y que sin autoridad -todos fuimos testigos- no tuvo poder resolutivo ese fatídico 27-F en la Onemi -cuando Vidal y Carmen Fernández la deslegitimaron en sus funciones como primera autoridad del país-, nos hace estar en sintonía. Mal que mal, nos pasa lo mismo en lo que llamamos vida en ambas partes, en la casa y en el trabajo, por decirlo de otra forma, nuestro nopodermiento contagia tanto lo público como lo privado.
“La Incondicional”, que maternalmente correrá con caballos viejos que han preferido patearse en la cara para generar expectativas, como buenos caballos de circo, protagonistas de películas como Los 33 o Tragedia en Juan Fernández, es la misma de ayer, aunque queramos ilusionarnos de que esta vez sí ejercerá liderazgo. Nosotros como ella, tampoco lo ejerceremos y por eso estamos condenados.

KAREN HERMOSILLA

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 777, 22 de marzo, 2013)

 

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