Edición 634 - Desde el 9 al 22 de marzo de 2007
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Denuncia de Punto Final

En esta edición

Señales de un
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Pescadores
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“Pensamiento Crítico”,
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La mortal comida
“CHATARRA”

“EE.UU. estáEquivocado”

En edición impresa

La mafia
de las facturas falsas

Felices 80
y gracias

Parlamento de Koz-Koz
MEMORIA
del futuro

Presencia griega
en Siracusa

Chávez: “Faja Petrolífera
del Orinoco pertenece
a nuestra América”
Dolorosa verdad frente
a la cobardía extrema
Visita

 

Felices 80
y gracias

 

Gracias a Gabriel García Márquez -que cumplió 80 años atrapando sueños que convierte en una literatura desbordante de imaginación-, Punto Final consiguió reaparecer en julio de 1989, después de la clausura que le impuso la dictadura.
Ese año salimos a recorrer el mundo buscando a alguien que creyera en un proyecto que parecía sepultado entre los escombros de la tragedia del 73. Necesitábamos apoyo para volver a la carga después de 16 años de silencio, que en periodismo es casi una eternidad.
Encontré a Gabo y su mujer, Mercedes, en Caracas. Ellos estaban invitados a la toma de posesión del presidente Carlos Andrés Pérez. Veinte días después se descargaría el diluvio de sangre del “caracazo”. Pero en ese momento todo era alegría, fiestas oficiales e invitados famosos, entre ellos Gabo y Fidel.
Con García Márquez éramos amigos -no íntimos, pero amigos- hacía unos años. En 1975 nos encontramos en Ciudad de México en un congreso internacional de solidaridad con Chile. Después en La Habana, donde yo vivía exiliado con mi familia. Gabo, Mercedes y su hijo estuvieron a visitarnos en Alamar y compartimos vino, comida y risas. Al marcharse, dejó a mi hija Carolina un autógrafo muy cariñoso en un ejemplar de Cien años de soledad.
Luego, vinieron para Flora y para mí casi diez años de clandestinidad en Chile. De García Márquez sólo sabíamos por los diarios. Hasta que se produjo el reencuentro en Caracas. Para entonces Gabo era algo más que el excelente escritor y periodista que yo había conocido. Desde 1982 era, además, Premio Nobel de Literatura. Pero fue el Gabo de siempre. Con afecto e interés escuchó mi desvarío de resucitar a un muerto. No me dejó terminar y prometió ayudarme a buscar recursos. Así lo hizo. Tocó puertas a las que sólo puede llegar un Premio Nobel y sospecho que también echó mano a su propio bolsillo.
Debido a esa actitud fraterna pudimos reiniciar la publicación de Punto Final hace dieciocho años. Es tiempo de reconocer su gesto y romper el silencio para decirle: gracias, amigo

MANUEL CABIESES DONOSO
(Publicado en Punto Final 634, 9 de marzo, 2007)

FOTO: En casa de Max Marambio, La Habana, 2003)


 

Quincenalmente, los viernes, encontrara la nueva edicion de PF en su quiosco, $800 el ejemplar


 

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